Con este título no me refiero a un “perro de verdad”, me refiero a un verdadero Perro Real, esos perrhijos que viven o vivieron en grandes palacios, rodeados de riquezas: perros de reyes y reinas, perros de la Realeza.

A lo largo de la historia, antigua y moderna, el perro ha ocupado un lugar muy importante en la vida de los humanos, tanto en el humano común de a pie como tú y como yo, como los humanos que nacieron en la Realeza. Me puse a investigar cuáles perrhijos Reales pasaron a la historia al igual que sus humanos. Aquí algunos…

César de Notts

Este Fox Terrier con nombre y apellido fue el amado perro del Rey Eduardo VII de Inglaterra, el primero de la dinastía Windsor, quienes hasta la fecha continúan en el reinado. César y el Rey Eduardo rara vez estaban separados; su collar tenía una placa que decía “Yo soy César. Pertenezco al Rey”. Cuando el Rey Eduardo VII murió, César caminó con el resto de la familia junto el ataúd a lo largo del cortejo fúnebre, robando el corazón de todos. Cuatro años después, César se unió con el Rey en el cielo compartido.

Mops

Marcada en la historia como infame, María Antonieta llegó a Francia para recibir la educación necesaria para casarse con quien sería algún día Rey. La obligaron a salir de Austria, su país natal, dejando todo atrás: incluso su Pug llamada Mops. Tiempo después, cuando ya fue la Reina de Francia al casarse con Louis XVI, mandó traer a Mops para que viviera con ella en el Palacio de Versalles, con todo el lujo que caracterizó a esta reina. Aunque esta familia real tuvo más perros, se dice que Mops era quien estaba todo el tiempo en los brazos o regazo de María Antonieta.

Dookie y Susan

Estos peludos Welsh Corgi vivieron con el Rey Jorge VI de Inglaterra de la casa de Windsor mencionada al inicio, ¿recuerdan? Dookie es particularmente importante porque fue el primer Corgi en vivir con la Familia Real, Susan llegó unos años después. Jorge VI compró a Dookie para sus hijas Isabel y Mary en 1933, convirtiéndose en un hermano más para ellas, particularmente para Isabel quien hasta la fecha, aún tiene Corgis y algunos son descendientes de Dookie y Susan. Tanto la Reina Madre (esposa de Jorge VI) como La Reina Isabel II, viven rodeadas de estos chaparros cazadores. La fallecida Princesa Diana le llamaba a esta manada “la alfombra andante”, porque estaban siempre al paso de la Reina, quien a lo largo de su vida ha tenido más de 30 perrhijos de esta raza.

Turi

Continuando con la Familia Real inglesa, quienes evidentemente son grandes amantes de los perros, encontramos a Turi, la Pomeranian de la Reina Victoria. Cuando niña, Victoria era ya una amante de los perros, creciendo con Dash, un King Charles spaniel quien la acompañó en su solitaria infancia. Ya siendo Reina, Turi fue su gran amor perruno, enamorándose también de la raza (en su vida tuvo 35); el Pomeranian que conocemos hoy, le debe mucho a la crianza y cruzas que hizo la Reina Victoria, ya que antiguamente este tipo de perros eran más grandes. Junto con su esposo el Príncipe Alberto, tuvieron una gran familia humana y canina. La Reina fue viuda por muchos años y siempre se acompañó de sus amados perrhijos. Durante su vida, el Palacio llegó a tener más de 100 perros. En su lecho de muerte, Victoria pidió que todos sus perros estuvieran cerca de ella, pero Turi tuvo el lugar privilegiado en sus brazos y estuvo ahí hasta que la Reina murió.

DATO EXTRA: Hablando de Dash, ¿saben por qué el nombre de la raza King Charles spaniel? Nada más y nada menos que por otro Rey de Inglaterra, Carlos II. A este rey se le atribuye la denominación de esta raza. Al rey rara vez se le veía sin uno de sus chaparros, incluso lanzó un decreto real en el que permitía que los perros pudieran estar en cualquier lugar del Reino, incluyendo el Parlamento.

Zemira

Catalina II de Rusia, o Catalina La Grande, tuvo predilección por el Galgo Italiano. La Emperatriz Rusa de origen alemán, logró expandir el Imperio Ruso más allá de lo que sus predecesores habían logrado. Durante este glorioso periodo, varios Galgos Italianos vivieron al lado de la monarca, la favorita por mucho fue Zemira. Ella se ganó un lugar en la habitación de Catalina, dormía en una cuna de seda rosa y la acompañaba en sus caminatas diarias. Además de posar con Zemira para varios retratos, Catalina mandó hacer una escultura de porcelana tamaño real, inmortalizando a Zemira hasta el día de hoy. Cuando Zemira murió, la Emperatriz estuvo desconsolada por mucho tiempo; fue enterrada en la tumba más grande del cementerio para animales de Catalina, con una lápida que dice, “Amada perra de la Gran Reina”.

¿Qué les parece? Y ustedes que creían que miman demasiado a sus perrhijos, ¡la realeza nos dice “quítate que ahí te voy”! Tal vez nuestros perros no viven en palacios de oro ni sus kennels tienen incrustaciones de jade y esmeralda, pero para cada uno de nosotros, nuestro perro es un Rey o Reina.


Aranza Alvarado A.